De La Vanguardia 3,2,02
2002.02.03
Información gráficaINMA SÁINZ DE BARANDA
Xavier Pagès celebra una misa para sordos en la parroquia de Santa Teresa de l'Infant Jesús En la misa con sordos, el murmullo de las oraciones cede su lugar a la armonía de los brazos en movimiento
Los signos de Dios
En una parroquia de Barcelona se oficia una liturgia gestual para acoger a los sordos en la comunidad católica

NÚRIA GARCÍA ARENAS
Barcelona
Una mano en alto y el dedo índice señalando al cielo. Es la manera en que un sordo nombra a Dios. Un gesto que cualquier persona repite sobre los labios cuando quiere indicar que se haga silencio. El mismo ademán que interpreta la talla de madera de la Mare de Déu del Silenci en la iglesia de Santa Teresa de l'Infant Jesús (Via Augusta, 68), la única parroquia de Barcelona que celebra misas en el lenguaje de signos y en cuyos locales tiene su sede la Pastoral del Sord.
En los tiempos en que los sacerdotes celebraban la eucaristía en latín y de espaldas, un sordo entendía lo mismo que cualquier otro parroquiano: de la misa, la mitad.
Desde entonces mucho se han reducido las distancias entre el altar y los bancos de las iglesias, pero no tanto para el colectivo de discapacitados auditivos.
Las franciscanas de la Inmaculada albergaron ya en el siglo XIX la inquietud por atender a los que no pueden oír; pero no es hasta 1995 cuando la Conferencia Episcopal Española crea la pastoral que reúne a los sacerdotes y responsables de las diócesis dedicados a la atención de sordos.
Entre tanto, el empeño por integrarlos en la Iglesia lleva en Cataluña el nombre de sacerdotes como Jaume Clotet (1822-1898) a quien se le hace hoy un homenaje (parroquia del Cor de Maria, 11.30 horas ) o el de mosén Batlle, mosén Baró, mosén Ruscalleda y mosén Albiol, quien cedió el testigo de esta labor al actual encargado de la pastoral de sordos en Barcelona, Xavier Pagès.
Cuando mosén Pagès celebra la misa de los sábados por la tarde, en la parroquia no suena ninguna música, no hay canto de entrada ni ningún otro, y los feligreses no desvían sus ojos de las manos y los labios del cura.
El murmullo de las oraciones cede su lugar a la armonía de los brazos en movimiento, al lenguaje de los signos, lo único que delata a estos discapacitados.
"El mundo del sordo no suele provocar compasión -explica Xavier Pagès-, porque aparentemente estas personas no presentan ningún defecto físico, pero tiene derecho a la comprensión", y explica la anécdota de la monumental pitada que recibió su grupo de sordos en la excursión a la expo de Lisboa cuando se saltaron toda la cola para entrar por la puerta de acceso para minusválidos. "Por suerte, ellos no oyeron nada", puntualiza.
Sólo hay dos sacerdotes sordos en España, Agustín Yanes, de Tenerife, y Jaime Gutiérrez, cántabro; los otros sacerdotes dedicados a los sordos han aprendido el lenguaje de los signos a base de tratar con ellos.
Xavier Pagès empezó a hacerlo en el seminario y hoy es el único de la diócesis de Barcelona capaz de oficiar misas para sordos, el único que puede confesarlos o casarlos en su lengua; si dos parejas quieren casarse el mismo día es preciso recurrir a un traductor.
Pero la atención a los sordos no es sólo cosa del lenguaje. "Para ayudarles de verdad -aconseja Pagès-, hace falta entender su mundo y no sólo su lengua."